sábado, 17 de agosto de 2013

Donay Alvarez



Universidad Central de Venezuela
Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas
Escuela de Estudios Políticos y Administrativos
Seminario: La Contemporaneidad del Pensamiento Político de Hannah Arendt

“Sobre la Revolución” Hannah Arendt

Introducción: Guerra y Revolución
            En el punto inicial de la introducción, Hannah Arendt, buscará en la historia política de la humanidad las diversas justificaciones de la guerra, diferenciando la agresividad de la defensa y la relación de ésta con el concepto moderno de la libertad. En este punto, el tema central (que mueve políticamente la acción de la guerra) de la agresividad como propulsor de la guerra, conjuntamente con la tecnología moderna, tuvo inserción en el plano teórico sólo después de la Primera Guerra Mundial. Igualmente, el concepto de Libertad, entra en el debate de la guerra sólo después que se encontró cierto grado de desarrollo técnico, y diría yo, discursivo, que permitió encontrar cierta racionalización política y epistemológica al hecho de la muerte. Libertad y vida serán conceptos coadyuvantes a la hora de entender la guerra como fenómeno político en un escenario internacional determinado por una nueva forma de hacer la guerra: ahora la carrera armamentística (demostración de arsenal de guerra como “enfriamiento” de la guerra) coloca en nuevos términos este fenómeno político, el cual más allá de ser teóricamente un enfrentamiento, pasó a ser una lucha por mostrar y hacer ver la capacidad que se tiene de destruir a ese enemigo real en estado de latencia.
            La pregunta que intentará responderse Hannah Arendt es si la guerra produce revoluciones, o si, más bien, la causa de la libertad es la génesis de las revoluciones. A esto responderá de la siguiente manera: ninguna revolución nace de la convivencia, en tal sentido, debe apelar fundamentalmente a la violencia, siempre y cuando sea delimitado en un marco esencialmente político; es decir, la confrontación y la lucha debe ser justificada en términos políticos, a saber, qué fuerzas y cosmovisiones hegemonizan el sector que puja por el cambio (no es lo mismo la violencia impulsada por Hitler que fue anti-política que las que impulsan las revoluciones que tienen como horizonte un nuevo modelo que atente contra la desigualdad) y cómo la guerra vincula y articula ese accionar, que en nuestros tiempos modernos, utilizando el prisma de la libertad, sirve de enclave para la comprensión de la relación existente entre Guerra y Revolución.

            Capítulo I: El significado de la Revolución
            Inicialmente Hannah Arendt se coloca cierto marco problematizador acerca del significado de la Revolución. A mí entender lo problematiza en aras de delimitar, discriminar y darle profundidad teórica a lo que es y no es una Revolución, de esta manera será mucho más coherente entender lo que ella expresa a lo largo de todo el capítulo. Para Hannah Arendt la revolución es el único fenómeno de la realidad política que presupone interrogar, discernir, poner en tela de juicio del estado original de las cosas.; ¿por qué nos organizamos de esta manera? ¿Por qué esto sí y esto no? Es decir, es un instante, un momento, donde la totalidad del cuerpo social se repiensa y se pregunta y mueve partiendo de la duda sobre lo establecido. Por tal motivo, según el pensamiento de Arendt, las insurrecciones y episodios violentos de la Edad Antigua y Media temprana respondieron a una cosmovisión de lo social donde el ser humano no se pensaba si la pobreza era inherente a la condición humana: cuando deja de creerlo así estamos en presencia de la Modernidad y de las revoluciones propulsoras de nuevos regímenes sociales. Por tal motivo, la idea de la libertad, como prisma teórico político de la Edad Moderna, no puede entenderse por fuera de la generación de un nuevo orden, responde inminentemente a ella.
            Asimismo, Hannah Arendt también diferencia la libertad de la liberación: en principio la liberación es  propulsora de la libertad, pero entenderlo como una dependiente de la otra, o que la primera lleva a la segunda, es errado. Por tal motivo, la libertad luego de los procesos revolucionarios vanagloriados a mi entender por los liberales, no sirvió más que para quitarle las fronteras al cuerpo; es decir, libertad para moverte de acá o de allá, de hacer tal o cual cosa, pero siempre desde un marco coercitivo donde el iluminado ciudadano moderno cree que la garantía de su existencia es la libertad en sí misma. Pues no. La garantía (resguardada en los textos jurídicos como derechos civiles) es producto de la misma revolución, pero si la libertad debe apuntar hacia la esfera de lo público, de la inserción en los asuntos comunes, de esto trata la libertad política. Si esto no sucede, como en la realidad pasa, entonces la revolución tomó un mal camino optando como horizonte el concepto de libertad política. Por ende, la violencia y en su concepto más acomodado el cambio no puede servirnos para estudiar la revolución, ya que si sólo estas apuntan a una forma distinta de darse gobierno puede tener el derecho de llamarse así.
            Sin embargo, Arendt encuentra en Maquiavelo también los vocablos rebelión y violencia. Y aunque este autor no apuntaba en sus categorías de análisis hacia una nueva libertad, si adquiere sentido revolucionario cuando los olvidados y marginados de la historia (la que se cuenta desde los inicios, con su marco justificador inherente a la propiedad privada) toman postura contra lo establecido: un sistema político y económico que los priva de vivir en mejores condiciones y ser parte de la construcción de su propia historia. El cambio, el simple hecho transaccional, que significó en la Edad Media el cambio político, encontrara el nacimiento de un nuevo orden social en la Modernidad. Y así, en el caso de las guerras civiles inglesas y la Revolución Americana por demandar y solicitar un texto escrito (a saber, un acuerdo entre ciudadanos), también son restauraciones en un sentido oficial nos dice la autora. Y de aquí la formulación sobre la Revolución Francesa y todo hecho violento que  no sea denominado originariamente como Revolución (entendiéndolo, obviamente, en su sentido más actual, fuerte y conciso como irresistibilidad) desde allí, como hecho histórico, se planteó un modelo de cómo hacerla, esa única revolución: llevada al grado de permanente en relación a la capacidad de los actores con respecto al control del destino social; diría Arendt que los objetivos de la Revolución Francesa tenían que ver más con los objetivos concretos y concientes de los mismo hombres. Sin embargo, la Revolución Americana, en función de estos elementos, no se dio bajo las misma condiciones, en este caso, no pudieron escapar de la necesidad histórica, a mi entender, conexión teórica y práctica que permite quitar lastres y reformular la forma, si el fondo es la exigencia sobre el cómo nos gobernamos no llega a hacerse palabra y carne.

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