Universidad Central de
Venezuela
Facultad de Ciencias
Jurídicas y Políticas
Escuela de Estudios
Políticos y Administrativos
Seminario:
La Contemporaneidad del Pensamiento Político de Hannah Arendt
“Sobre la Revolución” Hannah Arendt
Introducción: Guerra y Revolución
En el punto inicial de la
introducción, Hannah Arendt, buscará en la historia política de la humanidad
las diversas justificaciones de la guerra, diferenciando la agresividad de la
defensa y la relación de ésta con el concepto moderno de la libertad. En este
punto, el tema central (que mueve políticamente la acción de la guerra) de la
agresividad como propulsor de la guerra, conjuntamente con la tecnología
moderna, tuvo inserción en el plano teórico sólo después de la Primera Guerra
Mundial. Igualmente, el concepto de Libertad, entra en el debate de la guerra
sólo después que se encontró cierto grado de desarrollo técnico, y diría yo,
discursivo, que permitió encontrar cierta racionalización política y
epistemológica al hecho de la muerte. Libertad y vida serán conceptos
coadyuvantes a la hora de entender la guerra como fenómeno político en un
escenario internacional determinado por una nueva forma de hacer la guerra:
ahora la carrera armamentística (demostración de arsenal de guerra como “enfriamiento”
de la guerra) coloca en nuevos términos este fenómeno político, el cual más
allá de ser teóricamente un enfrentamiento, pasó a ser una lucha por mostrar y
hacer ver la capacidad que se tiene de destruir a ese enemigo real en estado de
latencia.
La pregunta que intentará
responderse Hannah Arendt es si la guerra produce revoluciones, o si, más bien,
la causa de la libertad es la génesis de las revoluciones. A esto responderá de
la siguiente manera: ninguna revolución nace de la convivencia, en tal sentido,
debe apelar fundamentalmente a la violencia, siempre y cuando sea delimitado en
un marco esencialmente político; es decir, la confrontación y la lucha debe ser
justificada en términos políticos, a saber, qué fuerzas y cosmovisiones
hegemonizan el sector que puja por el cambio (no es lo mismo la violencia
impulsada por Hitler que fue anti-política que las que impulsan las
revoluciones que tienen como horizonte un nuevo modelo que atente contra la
desigualdad) y cómo la guerra vincula y articula ese accionar, que en nuestros
tiempos modernos, utilizando el prisma de la libertad, sirve de enclave para la
comprensión de la relación existente entre Guerra y Revolución.
Capítulo I: El significado de la Revolución
Inicialmente Hannah Arendt se coloca
cierto marco problematizador acerca del significado de la Revolución. A mí
entender lo problematiza en aras de delimitar, discriminar y darle profundidad
teórica a lo que es y no es una Revolución, de esta manera será mucho más
coherente entender lo que ella expresa a lo largo de todo el capítulo. Para
Hannah Arendt la revolución es el único fenómeno de la realidad política que
presupone interrogar, discernir, poner en tela de juicio del estado original de
las cosas.; ¿por qué nos organizamos de esta manera? ¿Por qué esto sí y esto
no? Es decir, es un instante, un momento, donde la totalidad del cuerpo social
se repiensa y se pregunta y mueve partiendo de la duda sobre lo establecido.
Por tal motivo, según el pensamiento de Arendt, las insurrecciones y episodios
violentos de la Edad Antigua y Media temprana respondieron a una cosmovisión de
lo social donde el ser humano no se pensaba si la pobreza era inherente a la
condición humana: cuando deja de creerlo así estamos en presencia de la
Modernidad y de las revoluciones propulsoras de nuevos regímenes sociales. Por
tal motivo, la idea de la libertad, como prisma teórico político de la Edad
Moderna, no puede entenderse por fuera de la generación de un nuevo orden,
responde inminentemente a ella.
Asimismo, Hannah Arendt también
diferencia la libertad de la liberación: en principio la liberación es propulsora de la libertad, pero entenderlo
como una dependiente de la otra, o que la primera lleva a la segunda, es
errado. Por tal motivo, la libertad luego de los procesos revolucionarios
vanagloriados a mi entender por los liberales, no sirvió más que para quitarle
las fronteras al cuerpo; es decir, libertad para moverte de acá o de allá, de
hacer tal o cual cosa, pero siempre desde un marco coercitivo donde el iluminado
ciudadano moderno cree que la garantía de su existencia es la libertad en sí
misma. Pues no. La garantía (resguardada en los textos jurídicos como derechos
civiles) es producto de la misma revolución, pero si la libertad debe apuntar
hacia la esfera de lo público, de la inserción en los asuntos comunes, de esto
trata la libertad política. Si esto no sucede, como en la realidad pasa,
entonces la revolución tomó un mal camino optando como horizonte el concepto de
libertad política. Por ende, la violencia y en su concepto más acomodado el
cambio no puede servirnos para estudiar la revolución, ya que si sólo estas
apuntan a una forma distinta de darse gobierno puede tener el derecho de
llamarse así.
Sin embargo, Arendt encuentra en
Maquiavelo también los vocablos rebelión y violencia. Y aunque este autor no
apuntaba en sus categorías de análisis hacia una nueva libertad, si adquiere
sentido revolucionario cuando los olvidados y marginados de la historia (la que
se cuenta desde los inicios, con su marco justificador inherente a la propiedad
privada) toman postura contra lo establecido: un sistema político y económico
que los priva de vivir en mejores condiciones y ser parte de la construcción de
su propia historia. El cambio, el simple hecho transaccional, que significó en
la Edad Media el cambio político, encontrara el nacimiento de un nuevo orden
social en la Modernidad. Y así, en el caso de las guerras civiles inglesas y la
Revolución Americana por demandar y solicitar un texto escrito (a saber, un acuerdo
entre ciudadanos), también son restauraciones en un sentido oficial nos dice la
autora. Y de aquí la formulación sobre la Revolución Francesa y todo hecho
violento que no sea denominado
originariamente como Revolución (entendiéndolo, obviamente, en su sentido más actual,
fuerte y conciso como irresistibilidad)
desde allí, como hecho histórico, se planteó un modelo de cómo hacerla, esa
única revolución: llevada al grado de permanente en relación a la capacidad de
los actores con respecto al control del destino social; diría Arendt que los
objetivos de la Revolución Francesa tenían que ver más con los objetivos
concretos y concientes de los mismo hombres. Sin embargo, la Revolución
Americana, en función de estos elementos, no se dio bajo las misma condiciones,
en este caso, no pudieron escapar de la necesidad histórica, a mi entender,
conexión teórica y práctica que permite quitar lastres y reformular la forma,
si el fondo es la exigencia sobre el cómo nos gobernamos no llega a hacerse
palabra y carne.
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